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III. 13.- 1951  Panoràmica de les Festes Decennals 1951
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III. 13.- 1951 Panoràmica de les Festes Decennals 1951 

Per a finalitzar els relats publicats sobre les Decennals de la Mare de Déu de la Candela de 1951, hem rescatat el comentari del columnista de la revista CULTURA, Josep Pons Pena, il·lustrat amb la seva caricatura realitzada per Josep Mª Tost.

PANORÁMICA DE LAS FIESTAS

JOSEP PONS PENA – Cultura, febrero 1951

Con los trazos de la más auténtica emoción, y con un entusiasmo que ha desbordado todos los límites previsibles, ha rubricado nuestra ciudad la celebración de las Fiestas Votivas Decenales en honor de la Virgen de la Candela. Apenas apagado el eco del último acto del extenso programa de festejos que para tal fin se confeccionó, cuando aún oscila en la mente la imagen viva de lo que fue realidad presente y que el tiempo inexorable va desplazando hasta aquella otra imagen convertida en ceniza fría del recuerdo, la pluma se nos retrae en el intento de dar una impresión fugaz de esta magna celebración. Porque esta ojeada hacia atrás no puede ser objetiva, deslumbrada aún por el resplandor de ·la inmensa hoguera, cuyo ardiente llamear envolvió la ciudad toda durante esos días inolvidable que tratamos de evocar. Una fogata alucinadora, alimentada por la suma del ardor de unos miles y miles de corazones prendidos en el fervoroso amor hacia una de las manifestaciones más genuinamente vallenses.

Así, a este característico ciudadano vallense, generalmente escéptico e irónico, lo vimos estremecido por la fiebre de los preparativos urgentes de última hora …

Lo vimos también, luego, regocijado y en la primera fila – otra vez niño – del festival infantil que sirvió para realzar, con la grata compañía de los gigantones de las comarcas cercanas, la “boda” del reluciente betún de nuestro popular lladre-faves con la clara morenez de una nueva gigantita, que viene a engrosar la familia de los gigantes de la ciudad.

Supo dar cuenta cabal de un amor enfervorizado en las impresionantes solemnidades religiosas, culminadas en la coronaci6n de la Virgen y en la magnífica procesión que acompañó a la santa Imagen en su decenal paso por las calles de la población, rebosando devoción y recogimiento, en prenda de gratitud por los consuelos de Ella recibidos en la hora amarga del dolor, cuando a su dulce misericordia se entregó.

 Le faltaron brazos para la bienvenida a la riada de vallenses avecindados en otros lugares y de forasteros, que en número incontable convergieron en la Ciudad, desde todos los caminos y por todos los medios de locomoción.

Con los más cálidos aplausos y muestras de férvido afecto acogió a la autoridades y personalidades, presididas por la alta figura del presidente de las Cortes, don Esteban Bilbao, portador de la representación de S. E. el Jefe del Estado, y que con su presencia honraron y dieron la nota de gran relieve oficial de las fiestas.

Tal como supieron saludarla los enxanetes de nuestros xiquets, encaramados en la cúspide de sus castells, con las inmejorables exhibiciones que nos ofrecieron en el marco, diríamos exprofeso, de la plaza del Blat, trepidante como nunca de afición y pasión castellera.

Lo vimos vestido de tiros largos, acompañando a los elementos femeninos de su familia, hechos todo un espléndido brazo de mar, para asistir a los festejos en donde la gala y la etiqueta eran de rigor, no desentonando en prestancia y distinción con la que pueda darse en los salones más encopetados de las grandes capitales.

Ovacionó galantemente a la Reina de la Fiesta y a su Corte de Amor así como a los poetas galardonados, en los Juegos Florales, realzado con la presencia oficial de las Autoridades y con el concurso de los más prestigiosos nombres de los cultivadores de la Letras de nuestra tierra.

No faltó, llenándolo hasta los topes, en cuantas representaciones se dieron en el grandioso Salón de Fiestas, levantado, en el patio de nuestra Escuela, con un alarde de técnica y buen gusto, por donde desfilaron una serie de espectáculos de la más seleccionada calidad artística.

Y entre la exposiciones pictóricas (destacando la de reproducciones de obras del gran pintor gótico vallense Jaume Huguet, cuyo retrato se colocó en la Galería de Honor del Ayuntamiento), los partidos de futbol , tiro de pichón y demás actos deportivos, la interesantísima conferencia a cargo de don Francisco Aguilar, conciertos , una corrida de toros en miniatura, sardanas, bailes, etc. etc. ., e1 tiempo ha tenido que ser desmenuzado, aprovechando las más mínimas fracciones para evitar la menor dilapidación.

Ahora, con la tensión ya en descenso, trata de encontrar de nuevo su pulso normal, para reintegrarse a la prosa de la vida cotidiana. Nuestro buen vallense paseando por la urbanizada Plaza de los Mártires, añora el bullicio y trajín que animó – en bella estampa de movimiento y color – la vida de nuestras calles y plazas, devueltas ya a la quietud recoleta.

Poco a poco se va formando el poso del recuerdo, recuerdo quizá nostálgico, pero que despierta cada vez sentimientos de alegría por el deber cumplido. Todo un pueblo se impuso la tarea de la celebración de estas fiestas en honor a la Virgen de la Candela y, en magnífico ejemplo de cooperación ciudadana (mucho habrá de hablar en este sentido), cada vallense colaboró en la medida de sus posibilidades, superándose en sus esfuerzos.

He aquí, por la armónica conjugación de la fe, entusiasmo y voluntad de todo un pueblo, el porqué del símil de esta hoguera que no pareció que envolvía a la Ciudad entera. Hoguera inmensa y crepitante en el orden espiritual, y e1 material también, por el fantástico aspecto de las iluminaciones públicas, que rodeaba de un halo radiante el perfil de su caserío, convirtiéndola al contemplarla des de la 1ejanía, en una ascua de oro rasgando la noche azul-obscura del campo tarraconense.

Josep Pons Pena

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